La última fiesta

Siempre he oído comentar que algo, un indicio, un gesto, una noticia, fue la señal de que la fiesta había terminado. Lo he leído en Maruja Torres hablando del infarto de su amigo Terenci, en Gore Vidal hablando de su media botella de whiskey diaria, y casi siempre, referido, como en los clásicos, al inevitable tempus fugit. Mediante este blog pretendo escribir mis reflexiones, como verán ustedes, teñidas a menudo de un hálito de pesimismo, a veces jocoso, descreído, y otras veces fúnebre y gris. Depende del día. Así es la novela que trato de acompañar, mi primera novela. Una obra recorrida de un humor voluntarioso, que pretende arriesgar una sonrisa ante el irredento mundo que nos envuelve. Y para ello, qué mejor que recurrir a la figura descastada de Peter Sellers, un personaje a medio camino entre la melancolía y la hilaridad, que incomoda y descojona a partes iguales.

Espero, pues, sus ánimos y su hombro en este largo camino que supone entregar una obra a la imprenta (o al world wide web, eso es lo de menos).

Un efusivo saludo.

Alberto

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