Muertes estúpidas

No quiero hacer una sucesión de ellas, ya que en internet están todas pormenorizadas, ordenadas de mayor a menor estupidez, cronológicamente, o por edad del protagonista, como ustedes prefieran. Pero estaba leyendo Creación, de Gore Vidal, y pensaba en lo oportuno de ir componiendo novelas con pequeñas historias, o la habilidad de Cervantes para convertir algunos cuentos de las mil y una noches en las anécdotas que llenan la mejor novela que tal vez se escriba jamás. 
Tal vez fuese Esquilo quien inaugurase este apartado, en lo que a personajes notables se refiere. Cuenta Gore Vidal en esa novela, que Esquilo, retirado de la vida pública de su Atenas del alma, entregada ya para siempre a su rival Sófocles, para vivir en el Beautus Ille de Sicilia, paseaba tranquilamente bajo un sol ameno cuando un águila, ávida de sangre, sobrevolaba la zona. El águila tenía una vista extraordinaria para la caza y pronto encontró una tortuga por los alrededores. Esquilo, ajeno a todos estos preparativos, paseaba su calva, cada vez más brillante bajo el sol mediterráneo, que con el tiempo y según en qué época del año deja de ser ameno. El águila se preocupó entonces de buscar una buena piedra sobre la que soltar su presa para resquebrajar tan sólido caparazón y ahí es donde Esquilo se encontró con su mala fortuna: su redonda calva fue confundida por el ave rapaz con una hermosa y redonda piedra. Y todo el mundo sabe que las águilas tienen una estupenda puntería.
Mansfield peinándose

También Javier Marías dedica varias líneas de su trilogía a describir ejemplos de muertes estúpidas, sobre todo la de la rubia star del Hollywood dorado Jayne Mansfield.  El coche que conducía su último amante tuvo un accidente de tráfico y se fue a empotrar bajo un camión que circulaba a una velocidad muy inferior. La mala suerte hizo que en el accidente Mansfield chocara con la cabeza y perdiera el cuero cabelludo. Pese a la belleza que la caracterizó en vida, Mansfield resultó un cadáver verdaderamente horrendo. 

Y son todas esas pequeñas historias, las anécdotas que conducen a una vida y van haciendo pasar de un asunto a otro con la sutileza que conceden los días, los meses, las estaciones, las celebraciones sociales, las que hacen de la novela un trasunto de la vida, una manera como cualquier otra de acumular experiencias; de llenar la vida de hechos que nos hagan creer que hemos aprovechado el breve paso por el planeta. Por eso, cabe decir que a este gobierno debemos estarle muy agradecidos, porque en los dos años que lleva, nos está haciendo vivir mucho. 

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